De todos es sabido que en el término medio esta la virtud.
El abaratamiento per se del despido ni va a mantener ni a crear empleo ni a paliar la crisis real de nuestra economía. Hoy, el despido individual objetivo es una realidad con una indemnización media percibida que apenas llega a los 20 días por año trabajado, frente a los 45 días del despido individual. Como consecuencia, al hablar de indemnizaciones y hacer un comparativo con países de nuestro entorno (Francia, Reino Unido, Italia, Portugal), con indemnizaciones menos costosas, no sería correcto extraer la conclusión de que en nuestro país extinguir contratos cueste mucho más que en el resto de países.
Distinto es que analicemos las causas y el procedimiento para despedir, pues, en muchos de los países, el despido es libre o no hay que alegar causas.
Frente al despido individual nos encontramos con el despido colectivo, con un procedimiento más farragoso y largo, lo que le hace más caro que en otros países, y con el agravante además para el trabajador, si la indemnización no es neta, de que la exención fiscal es solo para los 20 días.
Así las cosas, tenemos un panorama que ni satisface a empresarios ni a trabajadores y lo verdaderamente grave es que no soluciona el problema ni lo va a solucionar hasta que no se mueva ficha y vayamos a flexibilizar las relaciones laborales, bien con un carácter de provisionalidad negociada, no es la deseable, en tanto en cuanto se mantenga la actual coyuntura, bien definitivamente para adecuarnos más al entorno mayoritario de países de la UE, que están demostrando que con políticas más activas de empleo y márgenes más flexibles de maniobra de su legislación laboral, controlan y mantienen mucho mejor el empleo que nosotros.
Las condiciones laborales de los trabajadores ni son inmutables ni tienen por qué serlo dado que de poco nos sirven si su rigidez nos catapulta a la pérdida de puestos de trabajo. Al Gobierno le corresponde coger el toro por los cuernos de una vez por todas, a los sindicatos, enterrar la viejas recetas de inamovilidad, a los empresarios, apoyar las políticas de responsabilidad social corporativa y de prevención de riesgos laborales y no aquellas otras más simples de abaratamiento de los despidos, a todos, ir creando sistemas de trabajo que faciliten la movilidad, en una especie de flexible working que nos proporcione un sistema de trabajo adaptado a la movilidad del empleado, donde responsablemente realice la función que desempeña en la empresa u organización, según agenda, objetivos y preferencias, en el marco referencial que es la empresa.
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Antonio Sánchez-Cervera
Inspector de Trabajo excedente
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